Murió Wilfredo “Bazooka” Gómez a los 69 años: el boxeo pierde a una de sus más grandes leyendas

El legendario Wilfredo “Bazooka” Gómez falleció a los 69 años en Puerto Rico. Tricampeón mundial y miembro del Salón de la Fama, marcó una época con sus 17 defensas consecutivas por nocaut.
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El boxeo mundial está de luto tras el fallecimiento del legendario excampeón puertorriqueño Wilfredo “Bazooka” Gómez, quien murió el sábado 10 de octubre de 2026, a los 69 años, después de permanecer hospitalizado durante aproximadamente dos semanas debido a complicaciones respiratorias. Su partida representa una pérdida irreparable para Puerto Rico y para un deporte en el que escribió algunas de sus páginas más memorables, especialmente por su extraordinario poder de nocaut y su dominio de la división supergallo.

Homenaje boxístico a Bazooka Gómez
Bazooka Gómez NotiFight

La noticia fue confirmada por su hijo, Wilfredo Gómez Jr., y provocó numerosas manifestaciones de pesar dentro de la comunidad boxística internacional. Tambien expresiones de condolencias por el fallecimiento de quien fuera uno de los campeones más temidos y admirados de su generación. La familia anunció que ofrecería posteriormente detalles relacionados con las honras fúnebres.

Conocido como el “Niño de las Monjas”, Gómez trascendió las fronteras de Puerto Rico para convertirse en una figura universal del pugilismo. Su nombre quedó asociado a una época dorada del boxeo latinoamericano, cuando sus victorias por nocaut, su agresividad y su extraordinaria capacidad para definir combates lo consolidaron entre los mejores peleadores libra por libra del mundo.

El campeón que convirtió el nocaut en su sello personal

Nacido el 29 de octubre de 1956 en Río Piedras, Puerto Rico, Wilfredo Gómez desarrolló una carrera amateur sobresaliente antes de conquistar la gloria profesional. Uno de sus primeros grandes éxitos llegó en 1974, cuando obtuvo la medalla de oro en el Campeonato Mundial de Boxeo Amateur celebrado en La Habana, Cuba.

Ese mismo año inició su trayectoria profesional en Panamá, donde empató en su debut frente a Jacinto Fuentes. Aquel resultado no anticipaba la extraordinaria carrera que estaba por construir. Gómez encadenaría posteriormente una impresionante sucesión de victorias, la mayoría por la vía rápida, hasta establecerse como una de las principales figuras del boxeo internacional.

Su consagración llegó el 21 de mayo de 1977, cuando derrotó por nocaut técnico en el duodécimo asalto al surcoreano Dong Kyun Yum para conquistar el campeonato mundial supergallo del CMB. A partir de ese momento comenzó uno de los reinados más dominantes que haya conocido la categoría.

Gómez defendió exitosamente su corona supergallo en 17 ocasiones consecutivas, todas por nocaut, una marca histórica que permanece como uno de los grandes testimonios de su extraordinaria pegada. Durante aquel período derrotó a destacados contendientes y campeones, incluyendo al mexicano Carlos Zárate, a quien noqueó en cinco asaltos en octubre de 1978, en uno de los enfrentamientos más importantes de su carrera.

La victoria sobre Zárate tuvo una trascendencia especial porque el mexicano llegó invicto, con 52 triunfos y 51 nocauts, y era considerado uno de los pegadores más peligrosos del planeta. Gómez terminó imponiendo su fortaleza, precisión y agresividad para consolidar su condición de superestrella.

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Sus grandes batallas y tres coronas mundiales

La carrera del puertorriqueño también estuvo marcada por memorables enfrentamientos ante algunos de los mejores boxeadores mexicanos de su época. Su rivalidad deportiva con Salvador Sánchez ocupa un lugar privilegiado en la historia del pugilismo.

En agosto de 1981, Gómez ascendió a la división pluma para desafiar a Sánchez por el campeonato mundial del CMB. En una de las peleas más recordadas de aquella década, el mexicano lo derrotó por nocaut técnico en el octavo asalto, propinándole la primera derrota de su carrera profesional.

Lejos de abandonar sus aspiraciones, Gómez regresó al peso supergallo y continuó acumulando victorias. En diciembre de 1982 protagonizó otro combate histórico frente a Lupe Pintor, a quien derrotó por nocaut técnico en el decimocuarto asalto después de una batalla de enorme intensidad.

Posteriormente conquistó el campeonato mundial pluma del CMB al superar por decisión al también puertorriqueño Juan Laporte en marzo de 1984. Aunque perdió esa corona frente al ghanés Azumah Nelson en diciembre del mismo año, todavía tendría una última conquista importante.

En mayo de 1985 derrotó por decisión mayoritaria al estadounidense Rocky Lockridge para obtener el título mundial superpluma de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB), convirtiéndose en campeón mundial de tres divisiones diferentes.

Gómez cerró su trayectoria profesional en 1989 con un impresionante registro de 44 victorias, 3 derrotas y un empate, incluyendo 42 triunfos por nocaut, cifras que reflejan la contundencia de uno de los más grandes especialistas en la definición de combates.

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Un legado inmortal para Puerto Rico y el boxeo mundial

El reconocimiento a su extraordinaria trayectoria llegó en 1995, cuando fue exaltado al Salón de la Fama del Boxeo Internacional, en Canastota, Nueva York. Su ingreso confirmó una posición que ya había conquistado dentro del cuadrilátero como uno de los mejores boxeadores puertorriqueños de todos los tiempos.

Su nombre forma parte de una tradición de grandes campeones de la isla, junto a figuras como Carlos Ortiz, José “Chegüí” Torres y Félix “Tito” Trinidad. Sin embargo, el legado de Gómez posee una característica singular: su dominio de los supergallos y aquella impresionante cadena de defensas titulares terminadas antes del límite.

Su relación con Panamá también constituye un capítulo significativo de su historia deportiva. Fue precisamente en territorio panameño donde inició su carrera profesional, antes de convertirse en una estrella mundial y representar con orgullo al boxeo puertorriqueño en los escenarios más importantes.

Más allá de sus logros deportivos, Gómez enfrentó dificultades personales y problemas de salud durante sus últimos años. Sin embargo, su figura permaneció como símbolo de una generación de campeones que construyeron su prestigio enfrentando a los rivales más exigentes de su época.

Con su fallecimiento, el boxeo despide a un peleador excepcional, dueño de una combinación poco común de talento, determinación y poder destructivo. Wilfredo “Bazooka” Gómez deja una huella imborrable en la historia del deporte y un legado que seguirá inspirando a futuras generaciones de boxeadores.

Su nombre permanecerá entre los inmortales del cuadrilátero.

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