Cómo un estadounidense llegó al papado y se convirtió en León XIV
Un año después de la histórica elección del Papa León XIV, los periodistas vaticanos Gerard O'Connell y Elizabeth Piqué han revelado nuevos detalles sobre uno de los cónclaves más impredecibles de la historia reciente de la Iglesia Católica.
Su libro, The Election of Pope Leo XIV: The Last Surprise of Pope Francis, reconstruye paso a paso cómo el entonces cardenal Robert Prevost pasó de ser un nombre prácticamente desconocido para gran parte del mundo a convertirse en el primer pontífice estadounidense de la historia.
Según los autores, la elección estuvo marcada por intensas discusiones sobre el futuro de la Iglesia tras el pontificado de Francisco. La pregunta que dominaba las reuniones previas al cónclave era sencilla pero trascendental: ¿debía continuar el legado reformista de Francisco o era momento de revertir parte de los cambios impulsados durante sus doce años al frente de la Iglesia?
Un colegio cardenalicio sin favoritos claros
Cuando los cardenales llegaron a Roma tras la muerte de Francisco en abril de 2025, el escenario estaba lejos de ofrecer certezas.
Los 133 cardenales electores procedían de 70 países distintos y muchos apenas se conocían entre sí. La internacionalización impulsada por Francisco había transformado profundamente el Colegio Cardenalicio, reduciendo la influencia tradicional de Europa y ampliando la representación de África, Asia y América Latina.
La consecuencia fue un cónclave sin bloques sólidos ni un candidato indiscutible.
Durante los días previos a la votación, los cardenales debatieron qué perfil necesitaba la Iglesia para afrontar desafíos como la polarización política, las guerras, la pobreza, las migraciones y la pérdida de influencia religiosa en diversas regiones del mundo.
Las críticas a Francisco cambiaron el rumbo
Uno de los episodios más relevantes descritos por O'Connell ocurrió cuando el cardenal Beniamino Stella, considerado cercano al entonces favorito Pietro Parolin, cuestionó públicamente algunas de las reformas impulsadas por Francisco.
Las críticas apuntaban especialmente a la decisión del pontífice argentino de otorgar mayores responsabilidades de gobierno a laicos dentro de la Curia Romana.
Lejos de fortalecer a los sectores que buscaban una orientación más conservadora, aquellas intervenciones provocaron una reacción adversa entre numerosos cardenales que consideraron que se estaba intentando desmontar el legado de Francisco.
Según los autores, ese momento resultó decisivo porque muchos electores comenzaron a buscar una figura capaz de garantizar continuidad sin reproducir exactamente el estilo de gobierno del pontífice argentino.
El ascenso silencioso de Robert Prevost
Mientras otros candidatos buscaban protagonismo, Prevost llamó la atención por razones completamente diferentes.
No pronunció discursos memorables ni encabezó campañas visibles. Su crecimiento ocurrió durante conversaciones privadas, reuniones informales y pausas para el café.
Los cardenales descubrieron que se trataba de una figura excepcionalmente preparada para una Iglesia global.
Nacido en Chicago, Prevost había vivido y trabajado durante décadas en tres continentes distintos. Había sido misionero y obispo en Perú, superior general de la Orden de San Agustín y posteriormente prefecto del Dicasterio para los Obispos en Roma.
Su dominio del inglés, español, italiano, francés y portugués reforzó la percepción de que podía conectar con comunidades católicas de todo el mundo.
Además, muchos cardenales valoraron especialmente su capacidad de escuchar, una cualidad considerada fundamental tras años de debates internos sobre el estilo de liderazgo en el Vaticano.
La primera votación cambió todo
El libro revela que la primera votación fue determinante.
Más de treinta cardenales recibieron votos, reflejando la enorme fragmentación existente. Sin embargo, tres nombres destacaron por encima del resto: el húngaro Péter Erdő, Robert Prevost y Pietro Parolin.
Aunque Erdő terminó primero en esa ronda inicial, Prevost emergió inesperadamente como uno de los principales contendientes.
Durante la noche posterior a la votación, numerosos cardenales revisaron su biografía y comenzaron a valorar seriamente su candidatura.
La combinación de experiencia pastoral, capacidad administrativa, conocimiento de la Curia y trayectoria internacional empezó a generar consenso.
Al día siguiente, Prevost pasó al primer lugar y ya nadie pudo detener su ascenso.
La última sorpresa de Francisco
Uno de los argumentos centrales de este libro que hoy reseñamos sostiene que Francisco nunca designó un sucesor, pero sí creó las condiciones para que Robert Prevost emergiera como una opción viable para el papado.
El pontífice argentino lo nombró obispo en Perú, posteriormente lo incorporó a importantes organismos vaticanos y finalmente lo colocó al frente del poderoso dicasterio responsable de la selección de obispos en todo el mundo.
Esa experiencia permitió que numerosos cardenales conocieran directamente su forma de trabajar.
Por ello, O'Connell y Piqué definen a León XIV como "la última sorpresa de Francisco".
Un año después de su elección, la percepción predominante dentro del Vaticano parece confirmar aquella lectura. León XIV ha mantenido buena parte de las prioridades pastorales de Francisco, aunque con un estilo más institucional, reservado y orientado al consenso.
La elección que muchos consideraban imposible terminó convirtiéndose en uno de los momentos más significativos de la historia moderna de la Iglesia Católica: la llegada del primer Papa estadounidense al trono de San Pedro.