
El boxeo necesita cambios, pero entregar el control a unos pocos no es la solución
Ludo Sáenz Lorenzo-LuacesLlevo más de 25 años trabajando alrededor del boxeo. He visto épocas buenas, malas y otras en las que hemos anunciado la muerte del deporte para descubrir, meses después, que el boxeo vuelve a producir una gran pelea y demuestra que todavía tiene una extraordinaria capacidad para sobrevivir.

Pero también creo que sería un error negar lo que ha es evidente. El boxeo atraviesa un momento complicado y necesita cambios. El problema es que reconocer que algo está roto no significa que cualquier solución propuesta sea necesariamente buena.
Ese es precisamente mi principal cuestionamiento al Muhammad Ali American Boxing Revival Act de 2026, proyecto que pretende introducir un modelo de Unified Boxing Organizations (UBO) y que recientemente avanzó en el Comité de Comercio del Senado de Estados Unidos. Sus promotores presentan las UBO como una alternativa voluntaria capaz de funcionar junto al sistema tradicional.
No todo lo que propone la reforma es malo
Hay que comenzar reconociendo esto. El proyecto contiene medidas positivas para los boxeadores. Establece un mínimo de 200 dólares por asalto, aumenta la cobertura médica mínima a 50,000 dólares por lesiones sufridas durante un combate y establece 15,000 dólares de cobertura por muerte accidental. También incorpora disposiciones sobre pruebas antidopaje y atención médica.
Estoy de acuerdo con mejorar esas protecciones. Pero, el problema aparece cuando esas mejoras vienen acompañadas de una transformación mucho más profunda del modelo económico del boxeo.
Una UBO podría organizar combates, contratar peleadores y establecer sus propios rankings y campeonatos dentro del nuevo marco legal. La presentación del proyecto establece que la intención es permitir organizaciones con una estructura similar a la de una liga, como la UFC en la Artes Marciales Mixtas (MMA), que operen paralelamente al sistema tradicional, regulado y sancionado por los cuatro principales organismos mundiales, la Asociación Mundial de Boxeo (AMB), el Consejo Mundial de Boxeo (CMB), la Federación Internacional de Boxeo (FIB) y la Organización Mundial de Boxeo (OMB); fiscalizado por las comisiones locales; y administrado y financiado por diversos promotores y plataformas de transmisión.
Y allí es donde debemos prestar mucha atención. El modelo actual tiene problemas enormes, pero centralizar todavía más el poder económico del boxeo puede crear problemas mucho mayores que aquellos que pretendemos solucionar.
Muhammad Ali no peleó para darle más poder al promotor
La Muhammad Ali Boxing Reform Act nació precisamente porque históricamente ha existido una enorme diferencia de poder entre el boxeador y quienes controlan el negocio.
El boxeador arriesga su salud, recibe los golpes y tiene una carrera extremadamente corta. Y, sin embargo, muchas veces es la persona con menos información y menor capacidad de negociación dentro de toda la estructura económica que vive de su talento. Ese era uno de los principios fundamentales detrás de la Ley Ali.
Por eso me preocupa cualquier reforma que pueda terminar reconstruyendo el negocio alrededor de organizaciones capaces de concentrar funciones que tradicionalmente han estado separadas. Una estructura que combine promoción, contratación, rankings y campeonatos puede terminar otorgando al operador un poder extraordinario sobre la carrera del peleador.
No hace falta imaginar demasiado para entender el problema. Si una organización controla a determinados peleadores, establece sus rankings, organiza sus eventos y posee su propio campeonato, ¿qué capacidad real de negociación tendrá un boxeador que necesita acceder a esas oportunidades?
Nico Ali Walsh y unas concesiones que merecen ser examinadas
También entiendo la posición de Nico Ali Walsh. Inicialmente expresó preocupaciones sobre el proyecto y posteriormente decidió respaldarlo, después de trabajar con los senadores Ted Cruz y Jacky Rosen para incorporar cambios. Los propios legisladores reconocieron públicamente que Ali Walsh participó en ese proceso y que sus propuestas influyeron en la nueva versión.
No cuestiono sus intenciones. Creo que Nico genuinamente piensa que logró mejorar una legislación que posiblemente terminaría avanzando de todas maneras. Mi pregunta es otra: ¿Las concesiones obtenidas cambian realmente la estructura fundamental del proyecto? Creo que no.
Especialmente importantes son las disposiciones sobre transparencia, rankings y contratos. Algunas de las nuevas medidas parecen importantes sobre el papel, pero no necesariamente reproducen los mismos mecanismos de protección y apelación existentes en el sistema tradicional.
Y aquí hay algo que debemos recordar. En legislación, como en los contratos de boxeo, no importa solamente lo que parece decir una disposición. Importa quién tiene el poder para hacerla cumplir.
Seis años pueden representar prácticamente una carrera
Hay otro detalle que merece mucha más discusión. La versión presentada en el Senado establece que determinados contratos entre una UBO y un boxeador pueden extenderse hasta seis años, mientras que el primer acuerdo promocional profesional tendría un límite de tres años.
Seis años en cualquier industria pueden parecer simplemente seis años. En boxeo pueden representar una parte enorme de una carrera profesional. Un boxeador puede convertirse en prospecto, contendiente y campeón mundial dentro de ese periodo.
Por eso cualquier sistema que otorgue contratos prolongados mientras una misma organización controla oportunidades, eventos y posiciones competitivas debe ser examinado con enorme cuidado.
El problema del boxeo es real
Tampoco quiero defender el sistema actual como si funcionara perfectamente. No funciona. Tenemos demasiados campeonatos, demasiados intereses enfrentados, promotores que durante décadas han protegido sus inversiones evitando determinados enfrentamientos y organismos sancionadores cuyos rankings muchas veces resultan difíciles de explicar su justificación.
También hemos perdido espacios importantes en televisión y el deporte se ha fragmentado entre diferentes plataformas. Los propios promotores tradicionales tienen responsabilidad en esta situación. Estoy convencido de eso. Pero existe una diferencia enorme entre reformar el boxeo y concentrar el boxeo.
Hay otra manera
En lugar de crear una estructura que permita concentrar promoción, rankings y campeonatos, ¿por qué no reformar precisamente aquello que hace tan difícil enfrentar a los mejores contra los mejores?
Podrían establecerse criterios mucho más estrictos para los rankings. Podría impedirse que un campeón desaparezca automáticamente de las clasificaciones de los demás organismos simplemente porque posee otro cinturón. Podrían establecerse mecanismos que incentiven, o incluso obliguen, a realizar más eliminatorias, unificaciones y peleas entre campeones.
Eso atacaría directamente uno de los grandes problemas del boxeo moderno, que es la dificultad para conseguir las mejores peleas. Y lo haría sin entregar el control de la carrera de los boxeadores a una estructura cada vez más centralizada.
El modelo UFC funciona, pero debemos preguntarnos para quién
Es imposible analizar todo esto sin mirar hacia las MMA. UFC construyó un producto extraordinariamente exitoso. Tiene una marca reconocible, calendario permanente, rankings propios, campeones identificables y la capacidad de enfrentar a peleadores pertenecientes al mismo ecosistema. Desde el punto de vista empresarial es un modelo formidable. Pero, el boxeo debe preguntarse si quiere solucionar sus problemas copiando un sistema donde prácticamente toda la cadena competitiva gira alrededor de una sola empresa.
Porque eficiencia empresarial y protección del atleta no siempre significan exactamente lo mismo. Una de las grandes ventajas económicas de ese modelo es precisamente la concentración. Una compañía controla el producto y puede comercializarlo de manera integral. Ese modelo puede hacer el deporte más fácil de vender. La pregunta es cuánto poder estamos dispuestos a entregar a cambio.
Cuidado con destruir algo intentando salvarlo
El boxeo necesita cambiar. Necesitamos mejores peleas, menos campeonatos, rankings transparentes, mejores estándares médicos, mejores oportunidades para los prospectos y, sobre todo, que los boxeadores reciban una parte justa del dinero que generan. Pero no estoy convencido de que, para conseguirlo, tengamos que construir un sistema donde unas pocas organizaciones puedan acumular todavía más poder.
La Ley Ali nació porque durante décadas el boxeador fue la parte más vulnerable del negocio. Sería una enorme contradicción histórica que una legislación que lleva el nombre de Muhammad Ali terminara facilitando precisamente aquello contra lo que aquella reforma intentó proteger al peleador, una relación donde quien controla las oportunidades posee demasiado poder frente a quien recibe los golpes.
Reformemos el boxeo. Modernicemos el boxeo. Salvemos lo que haya que salvar. Pero nunca olvidemos algo fundamental. Sin boxeadores no existe el negocio del boxeo. Y cualquier reforma verdaderamente buena debe comenzar y terminar protegiéndolos a ellos.
Sobre el autor
Ludo Sáenz Lorenzo-Luaces es periodista panameño especializado en boxeo y fundador y director de NotiFight. Con más de 25 años de trayectoria en la cobertura internacional del deporte, es miembro de la Boxing Writers Association of America (BWAA) y elector del International Boxing Hall of Fame (IBHOF). Ha recibido múltiples reconocimientos de organismos internacionales por su labor periodística, incluidos premios de la AMB, CMB e IBA. Actualmente es doctorando en Comunicaciones en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB).


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